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He naufragado en un mar de recuerdos.

Ante el futuro incierto, busco en el presente
al que soy. Hoy ya no es ayer.
G.D.

Estar ROTO DE AMOR, duele.

G.D.

lunes, 11 de julio de 2011

Buen apetito

RECETA...

Hoy he cocinado por amor. El me lo pidió. “Papá tengo ganas de comer chorizos a la portuguesa”. Y se los hice. Necesita mimos. Es un pequeño, un hombrecito que, con el corazón roto (han dejado de verse, de noviar, Natacha y él: Lucas) busca caricias y charlas; cuenta lo que le ocurre, analiza y se deja llevar por la música, los videojuegos…los recuerdos recientes, tiernos…

Ella era (es) frágil, silenciosa. Los vi enamorados, frescos y cándidos; transparentes y alegres; tristes y pensativos; discutidores, distanciados y reconciliados. Me recordaron mis 20 años.

Cenamos juntos. Yo, primero desgracé los chorizos de cerdo. Después armé la salsa portuguesa. Finalmente, uní los embutidos con la salsita, dejándolos cocer unos 15 minutos. Herví arroz, por separado, y lo presenté en platos sencillos. Fue un manjar. Charlamos y, con lágrimas, me contó sobre la ruptura. Después, me ayudó a levantar la mesa.

Subo a mi blog esta receta porque puede alimentar no sólo el estómago, sino el espíritu y el vínculo entre padres e hijos. COCINAR, COMER JUNTOS, DIALOGAR…QUE BUEN PLAN. QUE SUERTE HABER APRENDIDO A PREPARAR CHORIZOS A LA PORTUGUESA. Un buen vino y un helado completaron el menú de un lunes singular, un convite nada desdeñable para el paladar y este invierno bajo cero.

Ya me voy a dormir. Pensaré en él, en Lucas, en la fragancia de Natacha; este primer amor que parte; mi próximo escalón (cumplir en unos meses 50 años) y la nueva receta que, tal vez, postee. Literatura, cine y gastronomía tienen mucho en común. Arte y comestibles, también. Feliz descanso. Compartan algo sabroso con sus seres queridos…si lo realizan con sus propias manos, mejor.

BUEN APETITO.

Gustavo, hoy chef sentimental y... papá.

9 comentarios:

Albert Piodos dijo...

Hola Gustavo, es muy cierto lo que dices que muchas veces cocinar es una acto de amor. Tú lo sabías desde el primer momento en que te propusiste preparar tan suculento plato; otras veces, no somos conscientes de ello, y sin embargo también se produce la magia, y en ocasiones te das cuenta mucho tiempo después. Es interesante, e intenso por su emotividad el post que cocinaste.
Te agradezco de todo corazón las bondadosas incursiones y los positivos comentarios que realizas en mi blog. Son de agradecer las palabras amables y sentidas como las tuyas dentro del silencio atronadoramente hostil que gobierna la blogisfera.
Hoy volví a probar, y sigo siendo "Anónimo" para mi blog. Los supervivientes sabemos que el secreto está en resistir.
un abrazo, amigo.

Jose Antonio Bejarano dijo...

Chorizos a la portuguesa... mmm
Suena bien, y regado con algún vinho verde de las tierras del Tajo y del Duero, pues tanto mejor.
Y si además sirve para compartir, mesa, mantel, charla, confidencias, arreglos amatorios, cruce de miradas, la vida que pasa alrededor. Entonces cualquier plato, cualquier receta será bien aprovechada.
Que aproveche!!!

Lola dijo...

Hola Gustavo, cocinero y papá.
Hay que ver como duele ver a un hijo sufrir por amor, por ese primer amor que viven tan intensamente, con tanta ilusión que cuando se acaba creen que no podrán superarlo, son tan jóvenes....no saben que les quedan otros amores y otras despedidas por vivir, pero también toda una vida por delante.
Tiene suerte Lucas de tener un papá que le escucha y le acompaña en su tristeza.
Saludo y abrazo en una noche calurosa de verano.

chose dijo...

Qué buena suerte volver y encontrarme con esta oda a la vida.
Gracias Gustavo.

Juan Carlos Ortega dijo...

Me gusta mucho la ternura que irradia este texto tuyo.
Y, como no podía ser de otra forma, me recordó a mi propio hijo, que también se llama Lucas.
El miércoles pasado, pude al fin tener una buena conversación con él. Un encuentro que terminó en un abrazo, también lleno de ternura, de los que unen a un padre y un hijo.

Salgo de viaje el viernes. Por cierto, también me voy al invierno, aunque un poco menos frío que el de Buenos Aires.

Una sonrisa, amigo Gustavo

Juan Carlos Ortega dijo...

Me gusta mucho la ternura que irradia este texto tuyo.
Y, como no podía ser de otra forma, me recordó a mi propio hijo, que también se llama Lucas.
El miércoles pasado, pude al fin tener una buena conversación con él. Un encuentro que terminó en un abrazo, también lleno de ternura, de los que unen a un padre y un hijo.

Salgo de viaje el viernes. Por cierto, también me voy al invierno, aunque un poco menos frío que el de Buenos Aires.

Una sonrisa, amigo Gustavo

Juan Carlos Ortega dijo...

Uy, perdón, me he repetido, creyendo que la primera vez no se había quedado grabado.

MAR SOLANA dijo...

Hola, Gus:

Jo, qué receta más apetecible...

Cocinar por (y con) amor es un indicio de éxito asegurado :)

GRACIAS POR TU CARIÑO Y TU CERCANÍA, GUS, aunque nos separen miles de kilómetros, siempre lo siento amistoso y entrañable...

Miles de besos de tu amiga Villalbina :)

Daniel Buitrago dijo...

Es un placer inigualable compartir algo rico con quien quieres. Lo siento por Lucas y la amargura que se mezcló inevitablemente con esos otros sabores que tanto le apetecía volver a probar.
Muy bonito, Gustavo.