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He naufragado en un mar de recuerdos.

Ante el futuro incierto, busco en el presente
al que soy. Hoy ya no es ayer.
G.D.

Estar ROTO DE AMOR, duele.

G.D.

martes, 27 de marzo de 2012

Hombres de 50...

Soy Clase 62. Recuerdo a mi primo, primero, reclutado por el diferendo con Chile (Canal de Beagle, una escalada beligerante que, finalmente, se calmó); luego, vienen a mi mente, los sonidos, las palabras y los comunicados del 2 de abril de 1982, cuando antes de dirigirme a mi primer trabajo formal, escuché por radio Continental la noticia e intenté comprender la información que rezaba “desembarco argentino en Malvinas”…
Tanto yo como mi hermano, nos “salvamos” (así se le decía a ser exceptuado por excedente de clase u obtener “número bajo” en el sorteo) del Servicio Militar, pero mis amigos -compañeros del secundario-, no.
Pablo y Juan debieron resignar su baja -se hubieran ido en febrero o marzo de aquel año, pero no fue así-.
Alejandro, fue movilizado y esperaba viajar al sur con cara preocupada; rapado a cero y paralizado de frío. Un frío interior que lo llevaba a contarnos cómo lo trataban y qué le decían.
(Poco sería lo que, una vez en el frente, se podría hacer ante el despliegue de Gran Bretaña).
A Ale lo acompañé -como a Juan y a Pablo- escuchándole e invitándole al cine y a casa -mi madre y abuela lo mimaban, entre tazas de café y licores de chocolate-.
Cuando la guerra concluyó, le dieron de baja. Insultado y bailado, no fue al sur (a Comodoro Rivadavia) ni al Archipiélago: fue sólo “reserva”.
A Pablo, antes de salir, lo pelaron tanto que le lastimaron la cabeza. Al año del desembarco, es decir en 1983, escribí mi primer artículo sobre la contienda y la propaganda exitista del gobierno militar (“La Tribuna”, Morón), esa dictadura letal que tanto daño nos hizo.
Julio Vázquez, en cambio, sí estuvo en el teatro de operaciones. Volvió sano y verborrágico. Lo recibimos con un asado. Después, fue protagonista de un documental de TV.
Leí mucho sobre Malvinas, principalmente en mis primeros años de formación periodística. El poema de Borges y el de Rafael Oronás están entre mis recuerdos, como esa tarde en el cine “Cosmos”: muy otoñal, distrayéndonos unidos, Ale y yo, sabiendo que el lunes él volvería al cuartel y yo a mi rutina.
“¡Qué suerte que te salvaste!”, me decía algunas veces, pero jamás otras cosas. Aún seguimos siendo grandes amigos. Hemos reído y llorado, festejando la vida y nuestra amistad, siendo ambos, ya, hombres de 50…


Gustavo D´Orazio/2012

5 comentarios:

María Socorro Luis dijo...

Me he emocionado, volvió el recuerdo:
Allá quedó, en las heladas aguas de la remota Antartida, el hijo de una amiga y compañero de colegio que había sido, de uno de mis hijos.

Qué triste y qué injusto.

Un abrazo

Daniel Buitrago dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Daniel Buitrago dijo...

Querido Gustavo, aparte de los agujeros, lo que queda de las guerras es el recuerdo y el testimonio de quienes estuvieron en ellas y sobrevivieron.

Hace una semana vi un documental sobre la vida de los británicos en las Malvinas. Me resultó muy triste. Los adultos parecen ya conformes con su vida allí, pero los jóvenes están deseando poder ir a la metrópoli para quedarse.

Aparte de los intereses económicos y estratégicos, no tiene otro sentido su permanencia en el Atlántico Sur, enemistados con el país más cercano. Si las islas estuvieran habitadas por los argentinos, la vida sería muy distinta en ellas. Habría más movimiento y no las llenaría esa frustración tan palpable.

Hermosos recuerdos, amigo.

Anama dijo...

¡Qué lindo recuerdo, Gus! Y qué bueno que tus amigos puedan seguir reuniéndose, todos.
Abrazos

Juan Carlos Ortega dijo...

Aquella guerra absurda...

Tus recuerdos me traen a la memoria el intento fallido de golpe de estado en España en el año 1981...

Aquí todos recordamos lo que hacíamos ese día y como vivimos aquellos acontecimientos históricos.

Nos libramos por poco de otra dictadura... ¡Menos mal!

Últimamente frecuento menos los blogs. En realidad, va por rachas. Ahora he estado leyendo todas tus entradas antiguas, que me había perdido.

Gracias por seguir mi blog y por tus comentarios.

Un fuerte abrazo y una sonrisa. Amigo Gustavo.