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He naufragado en un mar de recuerdos.

Ante el futuro incierto, busco en el presente
al que soy. Hoy ya no es ayer.
G.D.

Estar ROTO DE AMOR, duele.

G.D.

viernes, 31 de octubre de 2008

¿Hipercomunicados?


Medios y Vida Cotidiana



“Los argentinos nos las sabemos todas” (parece que ciertos balances y aportes de la Historia no han servido).
“El celular es todopoderoso: todolopuede”. “Internet es lo más: chateás, enviás correo, navegás por las páginas que querés; hay servidores gratuitos, podés ver ‘mujeres y…’, te bajás música, información de todo tipo, noticias, documentos, imágenes…, ¡UNA MASA!”.
“De la televisión , ni hablar…: con el cable y el decodificador, mi menú semanal es mejor que lo que cocina mi mujer. Fútbol, series, entretenimientos, ficción, películas, programas periodísticos, realitys, musicales, viajes, manualidades, Venus (‘sorry, lo veo aunque las imágenes no sean tan nítidas’; ‘...y, espero hasta que engancho alguna escenita’)”.
“La TV abierta ojo que aporta lo suyo; los videos, otro tanto: podés alquilar pelis, comprarlas y coleccionarlas si querés; después están los CD y los DVD (‘yo, por $10 consigo 3’)”.
“¿El cine?: una maravilla que ahora podés disfrutar en 3D a cambio de $16 la localidad; el teatro (‘voy a veces’); los videojuegos -en red, a solas, en la compu o, después del Sega, en la Play Station 2, 3, 4…- ¡UN INFIERMO!”-.
“La video cámara, la cámara fotográfica digital (‘un amor, son ideales para registrar todo lo que se te ocurra’); la radio, los nuevos dispositivos de MP3 para escuchar tu música favorita; el viejo buzón de correo con alguna que otra carta y decenas de facturas que pagar; el cuaderno de comunicaciones de los chicos en edad escolar y la pizarra inmantada de la heladera para los mensajes domésticos”.
“El contestador automático del olvidado (caro y demodé) teléfono de línea, sigue en la lista; el contestador del celular, los mensajes de texto del celular, los e-mail por celular, las fotos por celular, las videofilmaciones por celular, la agenda de contactos en el celular; también en un CD, en un diskette; las citas y recordatorios en el viejo y querido anotador de papel reciclado marrón y en la Palm o I-Pod; en variados cartelitos autoadhesivos para no olvidarlos y …(‘¡UFA, CUÁNTA PARAFERNALIA! y, al final, termino olvidándome de la mitad de las cosas, o perdiéndolas y cargándolas hasta para ir al baño!’)”.
“La alarma del despertador (‘¡qué haría sin él!’), la alarma de seguridad de la casa, del auto y hasta del dálmata”.
“Después o antes, están los diarios y las revistas; los libros y los folletos, los catálogos y los prospectos de medicamentos, los movimientos bancarios y el cajero automático, la publicidad en la vía pública, en la indumentaria y en casi todo; los graffitis y…¡SÍ, ESTAMOS HIPERCOMUNICADOS, HIPERCONECTADOS!”.
“Uy, con tantas obligaciones tecnológicas hace días que no acaricio al perro, ni beso a mis hijos, ni converso con…”.
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¿NO SERÁ EXCESIVA ESTA DISPERSIÓN DE TECNOLOGÍAS; TANTAS PRÓTESIS Y AUXILIARES QUE, FINALMENTE, TERMINAN ASFIXIÁNDONOS EN VEZ DE COMUNICARNOS VERDADERAMENTE?.
La comunicación es diálogo, así lo entendió Platón en la Antigüedad.
La auténtica comunicación nunca fue sinónimo de información. El traslado de datos no conlleva persuasión, significación, compromiso emocional, sensitivo y espiritual.
Estar mejor comunicado no es cargar microchips por doquier: es saber graduar nuestro uso de la tecnología y escuchar al prójimo; acariciar al perro, reunirse con amigos, mirar a los ojos a los seres queridos, distraerse unos minutos si alguien nos requiere, oír el propio interior y expresarse con todo el cuerpo: con la palabra y los gestos, con el rostro y el corazón, desde la inteligencia y la intuición, con más o menos “aparatos de última generación”.

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