J u g u e t e s
Fueron sus aliados.
Su compañía.
Verdes, dinámicos,
saltarines, divertidos.
Espaciales o de agua,
de encastre y con motor.
Desparramados por la casa,
ayer, partieron
todos juntos:
sanos, rotos,
en una caja de cartón,
tan grande que cabía un televisor.
Un TV plano
que hoy los acompaña,
en su reemplazo,
en el cuarto de siempre.
Los juguetes de mis hijos,
ayer, partieron de casa.
Con ellos,
una porción de su infancia
se ha marchado, también.
Solo el álbum de fotos,
los registros de audio y video
compensarán
la angustia inevitable
del tiempo ido:
de esos días de música y colores,
autos verdes,
muñecos saltarines,
pistolas de agua
y rompecabezas.
Apenas unos pocos
seguirán en los estantes,
atesorados
como ese trozo de infancia
que uno siempre
se resiste a entregar.
GUSTAVO D´ORAZIO - 2006
P á j a r o s d e t i z a
En el pizarrón
un dibujo alucinado
y alucinante.
Una familia de pájaros
con cuatro patas cada uno.
No son de Dalí
ni de Chagall.
Son obra de mi hija
que, por su amor a los perros,
ve a todos los otros animales
como formidables cuadrúpedos.
Tras mi corrección
¿necesaria?,
esos animales fabulosos,
inexistentes,
dejaron de ser lo que eran
convirtiéndose
en pájaros
comunes y vulgares.
Parados sobre sus dos patas,
confirmaron vigorosos,
que Sofía había dejado de volar:
de ser una pequeña niña
para transformarse
en una inteligente ornitóloga
de siete años.
GUSTAVO D´ORAZIO - 2006