Desde la Argentina, un refugio para quienes deseen indagar en el imaginario de un amante de la palabra... Literatura, periodismo; fusiones e invenciones en un océano virtual que jamás pensé integrar.
P O E S í A /// P O E S í A
He naufragado en un mar de recuerdos.
Estar ROTO DE AMOR, duele.
G.D.
miércoles, 17 de marzo de 2021
lunes, 26 de noviembre de 2018
El perseguidor
viernes, 16 de noviembre de 2018
¿Relato ficción?
LA REBELION
DE LAS ESPECIES
Sin embargo, nada de noticias sensacionalistas. Nada de Apocalipsis, visitas de OVNIS, presagios o reacciones "maravillosas" de la naturaleza.
Era simplemente un grito. Un llamado de
Sólo un minúsculo grupo de hombres y mujeres comprendió el mensaje y, pese al tilde de "locos", siguió los mandamientos biológicos, sin alterarlos, protegiéndolos, aunque con escasos resultados.
Cuando eso llegó al límite, las propias especies -menos la más evolucionada: la humana-, dijeron "basta".
Y así fue que el cielo se tiñó de rojo y el hombre no supo qué hacer.
Dejó pasar el día y la noche, aguardando una explicación de los científicos, pero ésta no llegó.
Los medios masivos de comunicación, organizando la primicia, pernoctaron afónicos para ver las estrellas, mas éstas no volvieron a salir.
Nadie (excepto algunos "locos" naturalistas y respetuosos del medio ambiente) intuyó que lo sucedido se vinculaba con
Despreciados por el propio hombre que, en la escala zoológica, era el más dotado pero no el mejor. Maltrató a sus semejantes, a sus hermanos menores: los otros animales y hasta los vegetales.
La rebelión de las especies había comenzado.
Sus signos: el cielo rojo y la desaparición de los animales domésticos. Pocos repararon en el alerta. Pocos notaron las ausencias. Pero así fue como aconteció la peor de las crisis planetarias: cuando las especies dijeron "basta".
El hombre, antes, las había utilizado a su antojo. Experimentado con ellas, concibiendo mutaciones y revolviendo en sus genes; provocando al átomo y uniendo elementos jamás vinculados por la ética natural. Así fue que dijeron "basta".
La caza, el abuso en el consumo y la depredación de forestas convocaron a plantas y flores, insectos y mamíferos, peces y musgos, árboles y arbustos.Ante el atentado más espantoso de la historia de la humanidad, ellos se manifestaron en defensa de
Durant
El hombre hizo el resto en nombre del progreso, la modernidad y el desarrollo. Y aquel día nadie faltó.
Las arañas, los mosquitos, hasta las serpientes más venenosas comprendieron el grito del planeta, el llamado de sus entrañas.
Los manzanos y los abetos, el maíz y el girasol, los asnos y los toros, las jirafas y los leones, los gatos y los mandriles.
Los plátanos y las vides, el arroz y el lino. Todos, integrados como los había concebido el orden natural, dijeron "basta" y promovieron la rebelión de las especies.
El hombre, conectado al receptor de TV, a los noticieros de las emisoras de radio y desde su Pc al mundo, permaneció encerrado en su living sin observar qué ocurría fuera.
Al caer la noche del primer día, la rebelión era un éxito y el caos también.
Las plantas eliminaron sus frutos y hojas, quedando desnudas como esqueletos.
Las flores, neutralizaron sus aromas, convirtiéndose en réplicas artificiales de lo que habían sido.
Los animales cavaron fosas o se refugiaron en los bosques, las altas montañas y las profundidades de mares y cielos.
Desalojados de
Fue el inicio del fin. Un fin que el hombre no previó, creyendo "no inteligentes" a las demás especies, que eran analfabetas y no manipulaban tecnología.
Sin embargo, cuando sus hermanos empezaron a desaparecer, la capa de ozono a disminuir y dañar los cuerpos; la polución a contaminar pulmones, bránqueas y poros; cuando la fotosíntesis se transformó en una misión imposible; cuando los maizales dieron mazorcas defectuosas y las boas perdieron su fuerza, comprendieron que la extinción sería inevitable.
Sólo el hombre no comprendió a tiempo esos signos, y así fue que "la rebelión de las especies" no llegó a contar con una página en el Atlas que hoy indago en la pantalla de mi procesador esférico, pues no hubo humano que pudiera registrarlo. Sí un perro, un buey y una margarita que testimoniaron aquella rebelión natural de principios del siglo XXI.
jueves, 29 de marzo de 2018
Relato, melodrama e invención
El destino

Habla de noche
Ella habla sola. Murmura. Ríe, se mueve y sonríe.
Como padezco de insomnio, lo he advertido hace un tiempo, pero aún no se lo he dicho. Espero el momento oportuno. El día en que sepa como decírselo. Mientras tanto, cada noche, aguardo a su lado el hilo de voz que la delate.
A veces, acompaña sus dichos con movimientos bruscos; otras, suaves y ondulantes. Entre sueños, ha puteado, llorado y maldecido.
Hasta ayer, no ha hablado mal de mí. Es lo único que no podría perdonarle: que por las noches -en pleno sueño- siga obsesionada con mi persona.
Insomnio sumado a su decir mortificante sería demasiado. Demasiado para ambos.
La noche fue creada para descansar, para reponer energías.
Ella, habla de noche. Yo, casi no duermo, y no desearía escuchar de sus labios aquello que intuyo, conozco y anida en su mente. Esa que le indica a la voz qué decir, qué ocultar y reprimir, qué susurrar y confesar.
“No podría tolerar que, hasta dormida, pensaras mal de mí”, amenazaba Pedro López Lagar a una platinada Zully Moreno, perpleja por el tono cándido de su esposo. Pero aquello es cine.
López Lagar soportaba desplantes, respuestas hirientes, hasta que una madrugada, Zully -en un brillante camisón de tules-, decía lo que no debía, con ese ritmo lento y áspero, propio de una diva.
“Eres poca cosa, nada diría. Nunca te he querido”. Entonces, Lagar, de espaldas a la rubia cabellera de Zully, inyectaba sus ojos de odio y dejaba correr una lágrima, una sola gota, minúscula, que bañaba su mejilla de una verdad salada, punzante, insoportable.
Al día siguiente (en la escena siguiente), Zully despierta y halla sobre la cama deshecha una nota. La toma, la lee y la suelta. La cámara se aproxima y en letra manuscrita, apurada, se adivina una frase concluyente: “Hablas de noche”.
Entonces, me digo "Sí, si llegara a escucharle revelar su desamor, desde lo profundo del subconsciente, haría como López Lagar".
Gustavo D´Orazio
Nota de 2011: Esta vez, Patricia Morante, pensó en el destino como espacio, como tema de escritura. Un anclaje diferente (en mi caso), que rinde homenaje al cine argentino de la época de oro, siendo, a la vez, una ninificción donde el protagonista masculino del presente, avizora un destino temido y aguardado. La escena descripta, entre los actores, jamás existió: una ficción dentro de otra ficción. G.D.
Variaciones sobre "Eva"
“EVA” (I)
(...)
-¿Por qué la vida se ha ensañado así conmigo, Cholita?
-Pero es Zully Moreno…
-…si contara las veces que debía repetir una escena, mierda le daban este premio.
-Calmate, Eva.
-Yo también soy rubia, ahora; popular y…supe ser actriz.
-…pero abandonaste todo por Perón; por tus grasitas, los descamisados.
-Y no me arrepiento, Cholita.
-Entonces dejá a Zully en paz. Es sólo un premio como mejor actriz el que le darán…
-…pero a mí jamás me premió la industria cinematográfica, ni mis colegas. Además, la turra podrá lucir esos vestidos espectaculares…
-Vos tenés los tuyos.
-Sí, pero ahora se me caen. No tengo de donde sujetarlos: ni tetas, ni hombros. Soy un cadáver viviente; una actriz empecinada en actuar, como nadie, su último papel.
Gustavo D´Orazio - 2012
En este blog puede leerse, también, el poema de mi autoría "Evocación".
martes, 20 de marzo de 2018
Mi relato - ¿Ficción?
LA REBELION DE LAS ESPECIES
Sin embargo, nada de noticias sensacionalistas. Nada de Apocalipsis, visitas de OVNIS, presagios o reacciones "maravillosas" de la naturaleza.
Era simplemente un grito. Un llamado de
Sólo un minúsculo grupo de hombres y mujeres comprendió el mensaje y, pese al tilde de "locos", siguió los mandamientos biológicos, sin alterarlos, protegiéndolos, aunque con escasos resultados.
Ese día. El cielo rojo no fue la octava maravilla del mundo. Fue el inicio de una rebelión que las especies protagonizaron cansadas de tanto atropello."La biodiversidad de las especies está en peligro", rezaba un titular de la época.
El hombre, apresurado por ser, estar y vivir en el universo, olvidó (despreció) su ser, su estar -hábitat- y la vida misma.
Cuando eso llegó al límite, las propias especies -menos la más evolucionada: la humana-, dijeron "basta".
Y así fue que el cielo se tiñó de rojo y el hombre no supo qué hacer.
Dejó pasar el día y la noche, aguardando una explicación de los científicos, pero ésta no llegó.
Los medios masivos de comunicación, organizando la primicia, pernoctaron afónicos para ver las estrellas, mas éstas no volvieron a salir.
Nadie (excepto algunos "locos" naturalistas y respetuosos del medio ambiente) intuyó que lo sucedido se vinculaba con
Despreciados por el propio hombre que, en la escala zoológica, era el más dotado pero no el mejor. Maltrató a sus semejantes, a sus hermanos menores: los otros animales y hasta los vegetales.
La rebelión de las especies había comenzado.
Sus signos: el cielo rojo y la desaparición de los animales domésticos. Pocos repararon en el alerta. Pocos notaron las ausencias. Pero así fue como aconteció la peor de las crisis planetarias: cuando las especies dijeron "basta".
El hombre, antes, las había utilizado a su antojo. Experimentado con ellas, concibiendo mutaciones y revolviendo en sus genes; provocando al átomo y uniendo elementos jamás vinculados por la ética natural. Así fue que dijeron "basta".
La caza, el abuso en el consumo y la depredación de forestas convocaron a plantas y flores, insectos y mamíferos, peces y musgos, árboles y arbustos.Ante el atentado más espantoso de la historia de la humanidad, ellos se manifestaron en defensa de
Durant
El hombre hizo el resto en nombre del progreso, la modernidad y el desarrollo. Y aquel día nadie faltó.
Las arañas, los mosquitos, hasta las serpientes más venenosas comprendieron el grito del planeta, el llamado de sus entrañas.
Los manzanos y los abetos, el maíz y el girasol, los asnos y los toros, las jirafas y los leones, los gatos y los mandriles.
Los plátanos y las vides, el arroz y el lino. Todos, integrados como los había concebido el orden natural, dijeron "basta" y promovieron la rebelión de las especies.
El hombre, conectado al receptor de TV, a los noticieros de las emisoras de radio y desde su Pc al mundo, permaneció encerrado en su living sin observar qué ocurría fuera.
Al caer la noche del primer día, la rebelión era un éxito y el caos también.
Las plantas eliminaron sus frutos y hojas, quedando desnudas como esqueletos.
Las flores, neutralizaron sus aromas, convirtiéndose en réplicas artificiales de lo que habían sido.
Los animales cavaron fosas o se refugiaron en los bosques, las altas montañas y las profundidades de mares y cielos.
Desalojados de
Fue el inicio del fin. Un fin que el hombre no previó, creyendo "no inteligentes" a las demás especies, que eran analfabetas y no manipulaban tecnología.
Sin embargo, cuando sus hermanos empezaron a desaparecer, la capa de ozono a disminuir y dañar los cuerpos; la polución a contaminar pulmones, bránqueas y poros; cuando la fotosíntesis se transformó en una misión imposible; cuando los maizales dieron mazorcas defectuosas y las boas perdieron su fuerza, comprendieron que la extinción sería inevitable.
Sólo el hombre no comprendió a tiempo esos signos, y así fue que "la rebelión de las especies" no llegó a contar con una página en el Atlas que hoy indago en la pantalla de mi procesador esférico, pues no hubo humano que pudiera registrarlo. Sí un perro, un buey y una margarita que testimoniaron aquella rebelión natural de principios del siglo XXI.
lunes, 1 de mayo de 2017
Primicia
jueves, 24 de julio de 2014
Las guarda como si fueran “facturas pagas”. Facturas de servicios, acumuladas por si surge algún reclamo. Un reclamo administrativo en este país desordenado.
Alguna vez, el álbum de fotos estuvo al día, prolijo y con anotaciones. Hoy, las fotos en blanco y negro, a color, en diapositivas y de retratos desarmados, se han desorganizado.
Algunos cuadros, como los de las caritas de mi hermano y mía (coloreadas y brillantes), fueron descolgados hace años. El de la primera comunión, igual; sólo quedó el del casamiento de mamá, con su vestido blanco de tul, 7 enaguas y 58 kg. de peso. Hoy, ella supera los 100 kg., y el traje de novia lo usa mi hija para disfrazarse. ¡Cómo ingresaba mamá en ese diminuto modelo!.
Fotos de la Costanera, de Italia, de su compromiso, de casamientos, bautismos, de actos escolares, vacaciones, Navidades, hasta algunas postales y viejas recetas de cocina, paseos por Luján y Mar del Plata, llenan una bolsa que, cada tanto, visitamos con ojos cuasi-vírgenes, aunque siempre nos sorprendemos de lo mismo, de las mismas personas y actitudes, caras y gestos.
Peinados y ropas de otra época, familiares y conocidos fallecidos, emigrados, olvidados y/o crecidos.
Comparamos y nos comparamos. ¿Qué flaco era Carlos; qué linda tu tía Rosa, qué nariz tenía Susy, qué cara de tonto,…!.
Presente y pasado, todo revuelto y al alcance de la mano y del corazón. Una bolsa que entretiene y ha legado a la nueva generación (hijos, primos, nietos) el ayer de una familia de inmigrantes, devota de la fotografía, el video, las reuniones, los festejos y cierto ejercicio de la memoria. Ahora, conservada por polietileno blanco.
Con mamá hacíamos picnics fuera de casa (“Mar del Plata”, le decíamos). Comíamos sándwiches de miga -cuando eran un lujo-, nos comprábamos helados y ropa; libros y revistas; íbamos al cine y a Misa. Me llevaba a Catecismo y al peluquero; a vacunar y a comer pizza o panchos (no existían aún Burger ni Mac Donald´s).
Con mamá mirábamos televisión. Cine argentino, Batman, La Luna de Canela, Spiderman, Buenas Tardes Mucho Gusto, telenovelas y Lassi, hasta que llegaba papá y veía Bonanza (o El Gran Chaparral) y hablaba –siempre discutía- sobre el dinero (“la maldita plata”) y cómo evitar gastos.
Ella, mamá, me ayudaba con la tarea escolar (como podía) y me permitía ser Yo. Soñar, leer, disfrazarme, elegir.
Ese fue el mejor regalo que ella me hizo.
Por eso, ahora que trepa al umbral de los 70 años, yo la dejo ser como ella quiere.
Un poco chusma, llena de flores y ropa de colores; aros y…
Rodeada de santos y velas, adicta a flojos novelones mejicanos y a un árbol de Navidad que perpetúa en el tiempo, dejándolo armado hasta mitad de año, con impropias figuras de plástico, mariposas y hasta algún Playmóvil que acopla al Pesebre exótico, donde los Pastores y los Reyes Magos conviven con figuritas de pasta y hasta una tortuguita.
Besos mami. Perdón por decirte: “cambiate, no cuentes, no grites”. Ahora, son mis hijos quienes me dicen: “no salgas, vestite de otro modo, no hables”.
Lolita Torres, Lola Flores, Sofía Loren, Gina Lollobrigida, Niní Marshall, Mirtha, Zully, Carlos Cores, Jorge Salcedo, siguen formando parte de su imaginario. Cada vez que éstos son nombrados, no puedo más que recordar su devoción hacia ellos.
Como por el Himno Nacional Argentino. Porque aunque italiana, mamá aprendió y cantó, en cada acto escolar, ese canción con respeto y emoción.
La misma que nos transmitió para abrazar nuestra Patria, la familia, la vida y descubrir su bella Italia, a través de costumbres y paisajes que han cambiado, pero que ella atesora en su mente como cuando -con 13 años- debió alejarse del campo, la nieve profunda y el mar.
Agasajar a mamá
Día de la Madre, ayer. De la Familia, hoy. Cien escarbadientes y un ramillete de nomeolvides. Un jabón para tallar. Una botella torneada o un frasco, vela; una plancha de cobre, yeso, broches, vendas, cintas, etc.
Todo lo requería la escuela para crear un calendario, un cenicero, un jarrón, una lámpara, un florero, un cuadro, un posa pava.
Después de buscar los materiales -con ayuda de mamá- el obsequio “sorpresa” se hacía en el aula.
Se envolvía y entregaba con un beso.
Uno, por aquellos años (década del 70) se sentía un artista, un buen hijo y conseguía un feliz momento.
Con el correr de los meses, el polvo y la grasitud dañaban la imperfecta obra de arte.
Hubo madres, entonces, que guardaron los bonitos artefactos, mientras otras -como la mía- los liquidaba a fin de año, aunque muchas veces era yo mismo quien contribuía con su desaparición, al verlos horribles, “kitch”, dirían hoy las revistas de diseño.
¡Feliz Día Mamá!. Gracias por tolerar esas horrendas artesanías que, alguna vez, te entregué.
Floreros, posa fuentes…out. Besos y charlas…in.
GUSTAVO D´ORAZIO
jueves, 25 de abril de 2013
Variaciones sobre "EVA"
(...)
-¿Por qué la vida se ha ensañado así conmigo, Cholita?
-Pero es Zully Moreno…
-…si contara las veces que debía repetir una escena, mierda le daban este premio.
-Calmate, Eva.
-Yo también soy rubia, ahora; popular y…supe ser actriz.
-…pero abandonaste todo por Perón; por tus grasitas, los descamisados.
-Y no me arrepiento, Cholita.
-Entonces dejá a Zully en paz. Es sólo un premio como mejor actriz el que le darán…
-…pero a mí jamás me premió la industria cinematográfica, ni mis colegas. Además, la turra podrá lucir esos vestidos espectaculares…
-Vos tenés los tuyos.
-Sí, pero ahora se me caen. No tengo de donde sujetarlos: ni tetas, ni hombros. Soy un cadáver viviente; una actriz empecinada en actuar, como nadie, su último papel.
Gustavo D´Orazio - 2012
En este blog puede leerse, también, el poema de mi autoría "Evocación".
viernes, 8 de junio de 2012
Adiós a las cosas
Cuando lo vio, no pudo creerlo. Ella se lo había anticipado: “el día que muera tu madre, tiro todo”. “Basta de adornos rococó, opalinas inútiles y abanicos manchados”; eso lo escuché yo (doy fe), un día en que los crucé a la salida del súper.
Al verme, Elda, se calló. Juan, en cambio, le contestó: “ya lo decidiremos”.
-Hola chicos, les dije.
-Hola, Ricardo, ¿cómo estás?, me saludaron ambos.
-Bien, a las corridas, les solté con una sonrisa. ¿Mañana es la reunión de consorcio?, pregunté.
-Sí, nos vemos, sentenciaron rápidamente.
…
Por unos días, dejé de verlos, y aquel viernes, el de la reunión, no aparecieron. Ahí me enteré que Dora estaba internada. Su hijo y la nuera la cuidaban turnándose, en la clínica.
-¿Se agravó?, pregunté.
-Sí, la internaron a la noche, eran casi las once cuando llegó la ambulancia.
“Las expensas aumentaron”, escuché. “Se debe a que se calcularon los gastos extraordinarios”, aclaró el administrador.
-Bueno, deme la de Juan Toledo, por favor, que yo se la alcanzo, me ofrecí.
…
El sábado, al medio día, decidí subir hasta el tercer piso. Golpeé suavemente. Me atendió Juan, en pijama, semi dormido.
-Estoy destruido, largo casi sin voz.
-Me imagino. ¿Cómo está tu vieja?, le dije mientras dejaba sobre la mesa las expensas.
-Mal, muy jodida.
-¿Y Elda?.
-Insoportable, es una turra…
-¡Qué hija de …!.
-Es una perra, no tiene paz…
-¿Y tu hermano?
-No existe.
-¿Qué vas a hacer?.
-Esperar. Es cuestión de días.
…
El martes, mi mujer me llamó al taller. Me dijo que Dora había muerto y que no la velaban. La cremarían el miércoles, por la tarde.
Lo llamé a Juan al celular y lo saludé. Somos amigos desde el secundario y vecinos desde hace tres años.
…
No fui a la ceremonia del miércoles porque era demasiado íntima y, francamente, Elda estaba muy acelerada. La vi esa mañana, en el ascensor, y no paró de hablar de su suegra, de quejarse y decir “se terminó, ya era hora”.
…
Ellos no tenían hijos. El departamento que ocupaban era propiedad de Dora. Y como el hermano no contaba, no participaba tampoco de ningún asunto. Era un solterón, bohemio, con algo de plata y que, según Juan, “no reclamaría nada”.
Esto me lo decía siempre Juan, en especial cuando trotábamos en el poli. Allí surgía -una y otra vez- el tema de su madre, la relación con Elda y lo insufrible que resultaba para él esa convivencia.
…
A Juan lo pude abrazar recién el sábado. Lo invité a tomar un café fuera del edificio, y lo dejé hablar hasta el cansancio. Su catarsis fue total. El adoraba a su madre, pese a las permanentes discusiones con Elda y lo puntillosa y asfixiante que era.
…pero, es (era) una buena persona. Elda no la soportaba. Además, estamos en su casa, concluyó sin haber probado su cortado.
-¿Sabés qué quiere hacer ahora, la loca?, agregó con una mirada triste y veloz.
-Tirar todo lo de la vieja.
-Donalo antes; vendelo, le dije.
-Sí, dame unos días, no puedo hacerlo ya. Yo la comprendo a Elda. Es verdad que el departamento parece un museo, pero cómo le iba a borrar todos los recuerdos a mamá…
-Seguro, esperá unos días y despejá los ambientes; les va a venir bien a los dos…ustedes, ahora, tienen que mejorar el vínculo…
…
El lunes por la noche, al volver del taller, en la esquina de Elizalde y Gazeta de Buenos Aires, frente al edificio, vi uno de los abanicos de Dora, tirado.
Los gritos, llegaban hasta el palier. Mientras cerraba la puerta, escuché en la voz de Juan: “¿cómo pudiste deshacerte de todo, Elda?”.
“Te lo dije, Juan, esto no es un museo”, respondía ella.
lunes, 12 de marzo de 2012
A un año de la tragedia de Japón...
Conozco a algunos japoneses: todos muy diferentes. Más occidentales, unos; más orientales, otros.
El rito del Té; alguna novela o filmes; el Jardín Japonés de Buenos Aires; algún restaurante sofisticado; mi amigo Andrés Asato, su hijo Hiroshi…No más.
Me informo, leo, busco ser prudente y analítico.
Historietas Manga, suicidios, samuráis, música tecno, avances tecnológicos, naturaleza, afición por la fotografía, superpoblación, Tokio, viajeros internacionales…
Un pupurrí de temas, imágenes e íconos que ha vuelto a girar por el mundo, desde que el terremoto, sumado al tsunami y al escape radioactivo, hizo que Japón nos mostrara la violencia de la naturaleza, sus efectos más devastadores y las consecuencias menos previsibles…
Soledad
Vuelve a lo que es su casa, hoy. Una maceta y escombros desordenados. El resto: lodo y lodo. Humedad en el suelo y en su rostro quieto, asombrado.
Perro
Olfatea sin hallar rastro de su cubículo canino. Merodea por donde hace unos días lo consideraban mascota. Gira y gira sin comprender el abandono. Orina y sigue camino.
Flores
Entre las maderas y bloques de cemento; entre la nieve sucia y la ropa helada, juguetes, celulares y un puñado de flores que se resiste a fallecer. Caídas, mustias, soportan el frío intenso. Gracias a su savia podrán continuar pidiendo sol, reclamando vida.
Radioactividad
Kumiko no está. El volvió para rescatar algo de su pasado reciente. Un cartel lo alerta: “prohibido pasar por escape radioactivo”. Su abuela falleció en Hiroshima. El nunca imaginó un suceso similar, pese al avance desmedido de las plantas nucleares.
“Paso igual”, dijo. “Necesito ver, ver. No me importa lo que encuentre ni lo que me ocurra. Si ya estoy muriendo”, susurró mientras firmaba la notificación que liberaba de responsabilidades a los guardias gubernamentales.
lunes, 19 de diciembre de 2011
El paso del tiempo...
"2 1 2 9"
Conocemos nuestro destino. Sabemos que no somos inmortales.
Vivimos, aguardando esa noticia. Si la carta no llega, se nos revela en sueños. La fecha exacta de la partida o la edad en que abandonaremos la Tierra. Mientras tanto, hay que vivir, hacer y esperar.
Parece una maldición o un designio. Aunque no siempre fue así. En otras épocas, nadie lo sabía. Algunas veces se adivinaba, se presagiaba y no con demasiada exactitud. En la mayoría de los casos, esto angustiaba, aterraba y confundía a las personas.
Pero esto ha cambiado.
Desde el año 2123, las cartas comenzaron a llegar por correo electrónico, impresas en antiguo papel de pulpa o en los mini LCD, tan comunes en estos días, descartables y frágiles.
Si fallan estas vías, puede averiguarse. Los Registros Civiles anotan los nacimientos como las partidas previstas. Ellos también son notificados de la fecha de expiración humana.
Si por alguna razón, el individuo no es avisado, o no recuerda lo comunicado en sus sueños, puede dirigirse a esa oficina y averiguar el día y la hora, el año y el mes del adiós.
No es fácil recibir este documento. Peor resulta ignorarlo. No siempre hay tiempo para todo lo proyectado.
En mi caso, estoy esperando la confirmación de un sueño. En él se me comunicó que partiré a los 77 años. No sé día, hora ni mes. Tampoco cómo y debido a qué circunstancias. Esos son los únicos misterios que quedan sobre el Fin.
Este trámite doloroso -previsible-, resulta peor cuando el anuncio fija una fecha próxima, o da poca vida a un niño o un joven.
Nada se puede hacer al respecto. No hay engaño posible ni dilaciones.
Nacemos con esa fecha grabada en nuestro ADN.
(C) Gustavo D´Orazio, 2009.
martes, 6 de diciembre de 2011
En el balcón...
Se resiste a morir. Ella es tan pequeña que no logro aplastarla; se cobija entre los surcos de mis huellas digitales.
Hace horas que esta hormiga gira y gira a mi alrededor; cuando acerco la mano se paraliza; cuando creo haberla liquidado la veo incrustada en mi dedo, agónica, pero aún con vida. Finalmente, la dejo caminar y busca resguardo debajo de la menta, justo debajo de la aromática recién comprada.
II) Macetas
Mi hija me lo preguntó varias veces. Por qué las plantas están todas juntas, amontonadas y no repartidas, si el balcón es enorme. Es que así se sienten menos solas, no ves lo bien que lucen; se hacen compañía y dialogan…
Estás loco, papi. No, me siento solo, igual que ellas. Al reunirlas, mejoraron su color, su presencia…
Por eso, hoy, me junto con mis amigos.
III) Verde
Frente al ventanal del departamento, tres árboles me hacen compañía. Si cada ser vivo fue creado por Dios -u ofrendado por la Naturaleza- para que cumpla una misión, esos tilos enormes no me descuidan y alegran mi visual. No me piden algo a cambio, sólo me dan. Generosos, verdes, me desintoxican.
GUSTAVO D´ORAZIO/2011 - Microficción
viernes, 3 de junio de 2011
Nanorrelatos
Vio crecer a su hijo en unos segundos. Después, murió.
Pecado
Compró un kilogramo de manzanas y no mordió siquiera una.
Inhumana
Al verse comer de la olla, comprendió qué era la soledad. Al omitir el plato y la cuchara, anuló su dignidad convirtiéndose en la peor ermitaña.
Fiesta
Si no me dejás ir, me mato.
¡PUM!.
Darse cuenta
Supo que había padecido hambre el día que sintió un apetito voraz y su panza estaba llena.
Gustavo D´Orazio
lunes, 11 de abril de 2011
Microrrelato
Empujado por mi desdicha
y ese (maldito) vaso vacío.
Un día de estos me decidiré a hacerlo. Traspasaré el umbral de mi casa y llevaré-disimulado en un bolsillo- el cuchillo más afilado que encuentre en la cocina.
Caminaré hasta la esquina y doblaré despacio. Con el rostro sereno miraré a mi alrededor. Luego, cuando ya esté en la mitad de cuadra, volveré a observar a los transeúntes, sintiendo que el filo del "tramontina" aún me acompaña, frío y seco.
(En minutos, apenas, sé que estará húmedo y pegajoso).
Al percibir que las miradas no me toman en cuenta; que soy uno más entre tantos caminantes, me atreveré a concretar el sueño reprimido por meses.
Ese deseo oculto, esa necesidad que ya no puede permanecer -por más tiempo- alojada en el inconsciente.
Tomo el "tramontina", frío y seco (todavía), y lo introduzco sin pena.
Noto que el pulso no vacila ni un instante. Corto rápido y seguro.
Un líquido verdoso comienza a correr por mis manos, hasta manchar los puños blancos de la camisa.
Con el gajo en el bolsillo izquierdo del jean, salgo disparado hacia la vereda de enfrente.
Exhausto, recorro un camino conocido, que me devuelve a la seguridad de la casa que habito.
Ahora sí. Lo observo tranquilo.
Después de la agitada misión, ese jazmín perfuma la soledad de mi cuarto.
P.D.: ...y el maldito vaso no volverá a estar vacío.
Gustavo D´Orazio
miércoles, 23 de marzo de 2011
Japón 2011
Conozco a algunos japoneses: todos muy diferentes. Más occidentales, unos: más orientales, otros.
El rito del Té; alguna novela o filmes; el Jardín Japonés de Buenos Aires; algún restaurante sofisticado; mi amigo Andrés Asato, su hijo Hiroshi…No más.
Me informo, leo, busco ser prudente y analítico.
Historietas Manga, suicidios, samuráis, música tecno, avances tecnológicos, naturaleza, afición por la fotografía, superpoblación, Tokio, viajeros internacionales…
Un pupurrí de temas, imágenes e íconos que ha vuelto a girar por el mundo, desde que el terremoto, sumado al tsunami y al escape radioactivo, hizo que Japón nos mostrara la violencia de la naturaleza, sus efectos más devastadores y las consecuencias menos previsibles…
Entre sueños, ayer, imaginé estos cuatro minitextos:
Soledad
Vuelve a lo que es su casa, hoy. Una maceta y escombros desordenados. El resto: lodo y lodo. Humedad en el suelo y en su rostro quieto, asombrado.
Perro
Olfatea sin hallar rastro de su cubículo canino. Merodea por donde hace unos días lo consideraban mascota. Gira y gira sin comprender el abandono. Orina y sigue camino.
Flores
Entre las maderas y bloques de cemento; entre la nieve sucia y la ropa helada, juguetes, celulares y un puñado de flores que se resiste a fallecer. Caídas, mustias, soportan el frío intenso. Gracias a su savia podrán continuar pidiendo sol, reclamando vida.
Radioactividad
Kumiko no está. El volvió para rescatar algo de su pasado reciente. Un cartel lo alerta: “prohibido pasar por escape radioactivo”. Su abuela falleció en Hiroshima. El nunca imaginó un suceso similar, pese al avance desmedido de las plantas nucleares.
“Paso igual”, dijo. “Necesito ver, ver. No me importa lo que encuentre ni lo que me ocurra. Si ya estoy muriendo”, susurró mientras firmaba la notificación que liberaba de responsabilidades a los guardias gubernamentales.
Gustavo D´Orazio
miércoles, 9 de marzo de 2011
Minitextos
Pactaron una noche de amor. Solo provistos de sus cuerpos. Ella agregó unas gotas de Chanel Nº 5. La reacción alérgica fue inmediata. Concluyeron en la guardia del hospital. El juró no regalarle más una fragancia falsa, comprada en la Triple Frontera.
Meteorito
Rozó el planeta. Impactó transformado en polvo. Una lluvia acre y ocre sobre vivos y muertos. El quedó intacto. Pero fue por unos días. El polvillo de la tiza blanca -esparcida en su clase matinal-, hizo que uno de sus ojos fuera vendado por ulceración rápida. El destino, ¿no?.
Cascabel
No suena alegre. No es Carnaval. Muerde. Ponzoñosa. Fiebre. Veneno al fin.
Robots
Movimientos mecánicos, ¿románticos?. Fricción, lubricación, fornicación. Orgasmo entre sábanas inteligentes. Ambos están programados para el placer seguro, diario, sin saberlo. Relajados se dicen “buenas noches”, quedando en stand by.
GD
viernes, 25 de febrero de 2011
Idea

La Voz Humana
Suena el teléfono y ella atiende, sin pensarlo. Un movimiento automático levanta el inalámbrico y acciona la tecla de encendido. Roja, titilante.
-Hola, sí…
Del otro lado, él desespera, enmudece y cuelga. No está seguro si volverle a hablar o no. Si despacharse con todo lo que estuvo pensando o no. Si confesarle su indignación o, simplemente, dejar que todo fluya, que la ruptura se cumpla, se concrete sólida y tajante; que la separación sea definitiva.
El no es Anna Magnani (actriz italiana) en “La Voz Humana”; ni Jean Cocteau (escritor) le dio letra.
Su monólogo será visceral, personal, único.
Recuperará las fuerzas y volverá a llamarla, a marcar el número que -por años- los unió en largas y cortas conversaciones. Apuradas, unas; agitadas, otras. Lo piensa y espera.
Ella, en su departamento, no hace caso al teléfono ni a la llamada inconclusa.
El, como una fiera enjaulada (ahora sí, salvaje como Anna Magnani), recorre su hábitat con un whisky en la mano y el celular en la otra. ¿Qué hará, finalmente?. Abandonado, engañado…
GUSTAVO D´ORAZIO - 2011
Se hizo en teatro, en cine; en el mundo entero. Un texto soberbio, aún vigente. Muchas actrices quieren representarlo. Es un monólogo potente, dramático. Rossellini lo llevó al cine. Ingrid Bergman y "la Magnani" lo interpretaron. Grandes "nombres" lo repusieron. Hasta nuestro Humberto Tortonese -travestido- lo hizo propio. Sin embargo, por qué no trasladar, traducir, el monólogo a la verdad y los sentimientos de un hombre. Los hombres (no es cuestión de género)también sufren, lloran y padecen por amores contrariados. Es una idea que me inquieta: imagino al hombre en lugar de la mujer, sosteniendo las líneas que Cocteau diseñó para describir una ruptura..., constituye un auténtico desafío.
Rescaten ese texto teatral o vean las pelis realizadas. Se llevarán una sorpresa.
G.D.
jueves, 17 de febrero de 2011
Minitextos
Partida
Vio crecer a su hijo en unos segundos. Después, murió.
Pecado
Compró un kilogramo de manzanas y no mordió siquiera una.
Inhumana
Al verse comer de la olla, comprendió qué era la soledad. Al omitir el plato y la cuchara, anuló su dignidad convirtiéndose en la peor ermitaña.
Fiesta
Si no me dejás ir, me mato.
¡PUM!.
Darse cuenta
Supo que había padecido hambre el día que sintió un apetito voraz y su panza estaba llena.
Gustavo D´Orazio
Aclaración:
Los nanorrelatos son microhistorias desarrolladas a partir de una expresión (estructura sintáctica) mínina. Por lo general, un nanorrelato consta de una única línea de texto, aparte de la del título, o bien de varias cortas. Si aumenta su extensión, pasamos, ya, a un microrrelato. Lo que diferencia a esta mini-literatura es el núcleo o nudo narrativo, además de lo prolongado y detallado del asunto, dichos (diálogos), acciones y desenlace.
Como casi todo queda por ser mencionado, descripto, develado; se arroja una mancha de tinta -un puñado de palabras- para un lector que debe imaginar y reconstruir "el todo" a partir de las piezas faltantes, con el escaso apoyo de lo brindado/explicitado/relatado. G.D.
viernes, 17 de diciembre de 2010
Mini/relato
Faltaban pocos días para que la Navidad llegase. Ambos, en el balcón, pidieron sus deseos como lo venían haciendo desde cuando eran niños. Juntos, los dos hermanos.
Esta vez, un llanto contenido mantuvo las miradas fijas en el cielo. Luego, se estrecharon en un largo abrazo. Ella, le preguntó -como siempre- cuál había sido su pedido más urgente. El, le mencionó que antes de morir deseaba volver a estar con una mujer. “No estoy en condiciones de exigir”, dijo.
Su hermana, lo miró a los ojos y volvieron a abrazarse. El calendario no respeta enfermedades. Las fechas no existen, si el futuro es escaso. Se agotan. Se acaban.
La despedida del año consistió en una fiesta juvenil.
Allí apareció Julia. Bailaron, se amaron.
G.D.






