Me llamas.
quieres al cómplice mayor.
gobierna el firmamento.
y esperas cada noche,
para indicarme -con mágico asombro-
su forma amarilla,
Desde la Argentina, un refugio para quienes deseen indagar en el imaginario de un amante de la palabra... Literatura, periodismo; fusiones e invenciones en un océano virtual que jamás pensé integrar.
Estar ROTO DE AMOR, duele.
G.D.
LA REBELION DE LAS ESPECIES
Ese día el cielo rojo no anunciaba precisamente un milagro. El rojo, símbolo de la pasión y el amor fogoso, llamó la atención de los hombres que temieron "el final", o supusieron algo mucho más benévolo: un signo inequívoco de la presencia de un Ser Superior, desparramando bendiciones o alertando sobre el mal (y sus consecuencias) a pecadores y pecadoras.
Sin embargo, nada de noticias sensacionalistas. Nada de Apocalipsis, visitas de OVNIS, presagios o reacciones "maravillosas" de la naturaleza.
Era simplemente un grito. Un llamado de
Sólo un minúsculo grupo de hombres y mujeres comprendió el mensaje y, pese al tilde de "locos", siguió los mandamientos biológicos, sin alterarlos, protegiéndolos, aunque con escasos resultados.
Ese día. El cielo rojo no fue la octava maravilla del mundo. Fue el inicio de una rebelión que las especies protagonizaron cansadas de tanto atropello."La biodiversidad de las especies está en peligro", rezaba un titular de la época.
El hombre, apresurado por ser, estar y vivir en el universo, olvidó (despreció) su ser, su estar -hábitat- y la vida misma.
Cuando eso llegó al límite, las propias especies -menos la más evolucionada: la humana-, dijeron "basta".
Y así fue que el cielo se tiñó de rojo y el hombre no supo qué hacer.
Dejó pasar el día y la noche, aguardando una explicación de los científicos, pero ésta no llegó.
Los medios masivos de comunicación, organizando la primicia, pernoctaron afónicos para ver las estrellas, mas éstas no volvieron a salir.
Nadie (excepto algunos "locos" naturalistas y respetuosos del medio ambiente) intuyó que lo sucedido se vinculaba con
Despreciados por el propio hombre que, en la escala zoológica, era el más dotado pero no el mejor. Maltrató a sus semejantes, a sus hermanos menores: los otros animales y hasta los vegetales.
La rebelión de las especies había comenzado.
Sus signos: el cielo rojo y la desaparición de los animales domésticos. Pocos repararon en el alerta. Pocos notaron las ausencias. Pero así fue como aconteció la peor de las crisis planetarias: cuando las especies dijeron "basta".
El hombre, antes, las había utilizado a su antojo. Experimentado con ellas, concibiendo mutaciones y revolviendo en sus genes; provocando al átomo y uniendo elementos jamás vinculados por la ética natural. Así fue que dijeron "basta".
La caza, el abuso en el consumo y la depredación de forestas convocaron a plantas y flores, insectos y mamíferos, peces y musgos, árboles y arbustos.
Ante el atentado más espantoso de la historia de la humanidad, ellos se manifestaron en defensa de
Durant
El hombre hizo el resto en nombre del progreso, la modernidad y el desarrollo. Y aquel día nadie faltó.
Las arañas, los mosquitos, hasta las serpientes más venenosas comprendieron el grito del planeta, el llamado de sus entrañas.
Los manzanos y los abetos, el maíz y el girasol, los asnos y los toros, las jirafas y los leones, los gatos y los mandriles.
Los plátanos y las vides, el arroz y el lino. Todos, integrados como los había concebido el orden natural, dijeron "basta" y promovieron la rebelión de las especies.
El hombre, conectado al receptor de TV, a los noticieros de las emisoras de radio y desde su Pc al mundo, permaneció encerrado en su living sin observar qué ocurría fuera.
Al caer la noche del primer día, la rebelión era un éxito y el caos también.
Las plantas eliminaron sus frutos y hojas, quedando desnudas como esqueletos.
Las flores, neutralizaron sus aromas, convirtiéndose en réplicas artificiales de lo que habían sido.
Los animales cavaron fosas o se refugiaron en los bosques, las altas montañas y las profundidades de mares y cielos.
Desalojados de
Fue el inicio del fin. Un fin que el hombre no previó, creyendo "no inteligentes" a las demás especies, que eran analfabetas y no manipulaban tecnología.
Sin embargo, cuando sus hermanos empezaron a desaparecer, la capa de ozono a disminuir y dañar los cuerpos; la polución a contaminar pulmones, bránqueas y poros; cuando la fotosíntesis se transformó en una misión imposible; cuando los maizales dieron mazorcas defectuosas y las boas perdieron su fuerza, comprendieron que la extinción sería inevitable.
Sólo el hombre no comprendió a tiempo esos signos, y así fue que "la rebelión de las especies" no llegó a contar con una página en el Atlas que hoy indago en la pantalla de mi procesador esférico, pues no hubo humano que pudiera registrarlo. Sí un perro, un buey y una margarita que testimoniaron aquella rebelión natural de principios del siglo XXI. Por Gustavo D´Orazio
ECOLOGIA/FICCION - RELATO RECOMENDADO POR LA UNESCO,EN EL BIENIO 1991/2.

El 14 de junio se cumplen 25 años del fallecimiento de JORGE LUIS BORGES (Argentino Universal). Autor enorme, original y perfecto. Su poesía es extraordinaria. Su obra, monumental. Llegué a verlo en la Feria del Libro de Bs. As. y caminando por la ciudad, junto a María Kodama. Era de hábitos simples y muy afable en el trato.



De mí
-Súplica-
Creyeron que era hueca,
frívola y fácil.
Que no sabía cantar,
bailar ni actuar.
Que sólo era una bella mujer.
Un cuerpo delicado,
posado en la alfombra
del Waldorf Astoria.
Que mi intelecto
era débil, ínfimo.
Que no resistiría penas
ni debilidades.
Bueno…
acertaron en mucho.
Pero olvidaron que yo,
Marilyn Monroe,
era una persona:
una persona con sueños.
Que deseé cambiar
para no sucumbir.
Que busqué respeto
y un espacio que no tuve.
Que las pieles y los diamantes
no resultaron curativos.
Que intenté escribir
y lo hice.
Que la poesía me ayudó;
no me salvó, pero sí permitió expresar
lo que nunca nadie quiso oír ni ver:
mi ser sensible,
mi universo personal.
Bajo las sábanas, siempre.
Fotografiada -hasta el hartazgo-
con la falda plisada,
blanca, en alto.
Rubia, eternamente rubia,
aunque me desdoblen en otras
gracias a la piedad de Warhol.
Si sufrí, callé y pensé;
si soñé, escribí y leí,
a quién le importó.
Aún escucho las risas…
ningún editor me tomó en serio.
Yo no me tomé en serio.
Gravísimo error,
pagado con un derroche de copas,
lágrimas vertidas en cristales rotos
y una veintena de pastillas
que mi cuerpo no soportó.
Equivocada, reprimida,
la escritura fue el Paraíso.
Si nadie atendió mi llamado,
aquel último grito ahogado
(sofisticado, si quieren),
hoy, tal vez, entiendan que
Marilyn era una mueca forzada;
esa fría y temible soledad.
Más que piel, un espíritu dañado,
atormentado por las luces del set;
perdido en el limbo dorado
de un cielo mentiroso
llamado Hollywood.
Gustavo D´Orazio
2011